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domingo, 23 de junio de 2024

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Bonachera - Roscos de Loja

Y la emoción culminó el relato por los sentidos que Antonio Moreno Gálvez imprimió a su bien elaborado pregón de Semana Santa

Descendiente directo de grandes cofrades, el joven pregonero sintonizó con los sentimientos de los asistentes

Y la emoción, y el sentimiento, y… un gran número de sensaciones que en su conjunto significarían un sexto y nunca mensurable sentido, pues es fruto de lo que nos aportan los cinco restantes como algo intangible y único. 

Seis estaciones por las que transitó el bien elaborado y presentado pregón infantil de Semana Santa protagonizado este viernes pasado por el joven Antonio Moreno Gálvez en el Centro Cívico Adolfo Suárez.

La trama de tan poético y sentido mensaje pre semana santero fue, como ya decimos, la percepción de una celebración llena de matices y por tanto compleja, como es la Semana Mayor a través de la vista, del tacto, del gusto, del olfato, del tacto y, como valor añadido, de los sentimientos y las percepciones más emotivas y apasionadas.

Por esas vías fue conduciéndose el canto a tan especial semana que hizo con rigor, seriedad y bien estructurado, el nieto de saetero (Antonio Moreno Cobos “El Calero”) e hijo de guitarrista flamenco (Antonio Moreno “Calero Hijo”), y lo que por genética y vida corre por sus venas manó por su boca en forma de bello discurso salpicado de imágenes, de dichos, de letras, de poemas, de aromas y un sinfín de elementos que forman la trayectoria de Antonio Moreno Gálvez desde que, tan sólo con cuatro meses de vida, pasase a formar parte del mundo cofrade lojeño.

El público, que llenaba tres cuartas partes del patio de butacas del Centro Cívico, en plena sintonía con el pregonero, aplaudiendo cada estrofa, cada requiebro literario, cada sentimiento compartido. Y expectante, como cuando el abuelo del joven narrador subió al escenario y cantó una de las saetas que más habrá querido ofrecer  en su vida, con la que daba alas a su joven descendiente. Los ojos de Antonio, los de los dos Antonio se vieron tornasoladas por el brillo de unas lágrimas sinceras y vivificantes. Y el respetable con el corazón en un puño.

Y los jóvenes compañeros y compañeras de la Banda de Música de Loja con la piel erizada por cuanto estaban viviendo, y los tambores blancos tras de los instrumentos de viento, y los negros del Silencio irrumpiendo de improviso en el recinto con su redoble triste y ceremonioso, y las retinas impregnadas de los rostros de Cristos y Vírgenes que parpadeaban sobre la pantalla, y un todo cromático y sonoro que elevaba sin descanso  el espíritu de los presentes.

El cuarto pregonero infantil de la Semana Santa de Loja, descendiente directo de cofrades desde hace más de un siglo, superó con creces el que, seguramente, pase ya a ser su particular rito de superación , puesto que el de iniciación lo realizó ya siendo un bebé, con aplomo, con madurez, con elegancia y buen hacer. Como le corresponde.

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