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sábado, 22 de junio de 2024

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Bonachera - Roscos de Loja

Un grupo de alumnas lojeñas se reencuentra con su maestra de instituto 60 años después

Ana Orta visita estos días Loja y a sus “niñas”,  tras ser una de las primeras docentes que inauguró el Instituto Virgen de la Caridad en el 1963

Dedicarse a la docencia es sin duda una profesión de vocación y un ejemplo de ello lo representa Ana Orta, una de las primeras maestras que inauguró el instituto Virgen de la Caridad en los primeros años de la década de los 60. Fue tal la repercusión de puesta en funcionamiento del primer instituto en Loja, que Orta nunca ha olvidado la experiencia que para ella supuso iniciar en él su vida profesional. Dejó atrás una ciudad como Barcelona para adentrarse en un pueblo rural andaluz solitario por éxodo de su población en busca de trabajo. “Mientras las personas salían de Loja para Cataluña, yo llegaba”, comenta la jubilada docente que en estos días vive “un viaje sentimental” que debía realizar.

Orta ha esperado el momento de volver a Loja entre la ilusión y la desesperanza de ver el paso de toda una vida. En estos días su memoria recorre incrédula lugares desconocidos, por el cambio en calles y edificios, que le evocan a momentos entrañables vividos. Rodeada de una quincena de alumnas, ahora ya jubiladas, no deja de evocar anécdotas y vivencias.

En el Convento de Santa Clara, uno de los puntos que le han preparado para visitar, la primogénita docente del instituto lojeño atiende a los medios de comunicación locales con la ilusión de poder explicar sus sentimientos. Reconoce que le está costando evitar las lágrimas y que es imposible no emocionarse al escuchar un simple toque de guitarra. “Parece que estoy en el Hostal la Paloma viviendo una tarde de fin de semana”, recuerda con detalle la docente sobre aquellos días donde se quedaba en Loja y que al menos se tardaba dos días en poder ir a su tierra. 

La catedrática de Literatura reconoce que dedicarse a la docencia era la ilusión de su vida y que por ello “fue impactante” el poder abrir el primer instituto de Loja. “Les decía a mis niños, aunque estén ya jubilados, que me enseñaron mucho, ya que me enseñaron a ser profesor”, explica Orta que añade que “siempre se ha acordado de ellos”. De los días que lleva en Loja, con sus niños, afirma que está siendo una “experiencia maravillosa”. 

No solo la ex docente catalana se acuerda de sus alumnos, sino que ellos también se acuerdan de ella. “Me dicen que era muy dura, pero tenía que intentar que ellos aprendieran”, comenta Orta que no olvida como los padres se esforzaban para que los pequeños pudieran tener una educación y más oportunidades. En ese sentido admite que los profesores eran muy respetados y no olvida como en una Loja muy rural algunos los alumnos llegaban en burro de los cortijos y contaban con lo más mínimo. “Me han enseñado de la vida muchísimo y por eso volver me hace pensar que he podido hacer al final de mi vida, mi sueño”, enfatiza emocionado Orta mientras se rodea de sus niñas lojeñas. 

La evolución de la educación en Loja también le sorprende. “Es increíble que ahora se cuente con tres institutos cuando antes era uno solo con todos los condicionantes”, admite la ex docente que recuerda como los alumnos y alumnas estaban separados. Al final se cumplió esa unión entre el alumnado y los primeros avances de la educación en el municipio. 

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