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viernes, 19 de julio de 2024

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Cuesta Blanca, un pueblo de una sola calle en paralelo a la A-92

En apenas 800 metros se disponen alrededor de 30 viviendas – La pedanía vivió una época de esplendor hace unas décadas, cuando llegó a tener hasta 200 vecinos 

Una Acción Del Partido Entre El Churriana Y El Loja En El Partido De Liga. Foto: P. Castillo.

Es difícil, salvo desde el aire, poder apreciar en su conjunto el núcleo de Cuesta Blanca. Y no precisamente por encontrarse en un lugar lejano y oculto, sino porque emerge como una gran cresta blanca entre los olivos que tapizan su entorno. Esta pedanía lojeña tiene la peculiaridad de estar compuesta por una sola calle. En apenas 800 metros se disponen alrededor de 30 viviendas, a uno y otro lado del vial, que tiene el mismo nombre que este núcleo rural. 

Como ocurre con la gran mayoría de las pedanías de Loja, el origen de Cuesta Blanca se encuentra en su situación geográfica. Por su territorio discurría una antigua realenga, una importante zona de tránsito de cabañas de animales que se desplazaban de Granada a Sevilla y viceversa. Hace unos 200 años existía en el lugar un ventorro, que hacía las veces de bar, tienda de comestibles y también vivienda. En torno a esta edificación se fueron construyendo las primeras casas hasta convertirse en el pueblo que es hoy día. 

El nombre de la pedanía puede resultar evidente: Cuesta, por estar emplazada en una pendiente; y Blanca, por el encalado inmaculado de sus viviendas. Aunque este “apellido” no está del todo claro. “Hay quienes dicen que se debe a la tierra ‘toca’, maciza y blanquecina, que abunda en este lugar”, explica Ramón Gómez, su alcalde pedáneo. 

También bordea a esta localidad la antigua carretera nacional Jerez-Cartagena, hoy día la A-342, que discurre entre Riofrío y la salida de Cuesta Blanca. Fue sustituida a comienzos de los años 90 por la autovía A-92. Calle, carretera y autovía transcurren casi en paralelo. 

Cuando acabó de construirse la autovía, que pasa a sus pies, los vecinos vieron perplejos cómo al circular dirección Málaga había desaparecido la correspondiente variante de acceso hasta la aldea. Ello implica, para el que no sabe que ha de hacerlo a través de Riofrío, tener que llegar hasta Cuesta La Palma para dar la vuelta y tomar el acceso que, en sentido hacia Granada, sí existe. 

“Cuando hicieron la autovía, se olvidaron de hacer la entrada. No sabemos muy bien el motivo, porque la antigua carretera sí que tenía su acceso”, apostilla el pedáneo. Esto supone, según indica Gómez, tener que recorrer cuatro kilómetros más, “mientras que de la otra forma, desde la autovía al pueblo sólo habría uno”. La vieja carretera hoy sólo es usada por los vecinos de Cuesta Blanca o los agricultores que se dirigen a sus explotaciones. La autovía le quitó, como es lógico, un gran tránsito de vehículos. 

Vivir en Cuesta Blanca es muy gratificante por la tranquilidad que se respira. “Somos como una gran familia, pocos habitantes y la mayoría relacionados”, indica Gómez. Muchos de los vecinos están empadronados en el casco urbano lojeño pero tienen su vivienda en esta pedanía. Otros, en cambio, conservan su domicilio pero sólo lo visitan de vez en cuando, cuando las obligaciones laborales lo permiten. 

Sin embargo, la vida aquí tiene algunos inconvenientes. Los más jóvenes tienen que utilizar el transporte para estudiar en Loja, si son más grandes, o para desplazarse hasta Riofrío, donde está el colegio. Además, no pueden distraerse practicando deporte porque no hay espacio físico para construir una pista deportiva. Los más mayores se ven obligados a hacer la compra fuera, en Loja principalmente, porque no hay ni tiendas ni supermercados en la pedanía. 

Aunque antiguamente llegó a haber dos, hoy día no hay ningún bar, por lo que los vecinos han de desplazarse a Riofrío o Cuesta La Palma. La primera está a tres kilómetros, la segunda a cinco. Tampoco hay consultorio médico, por lo que las cuestiones de salud deben atenderse en estas dos pedanías vecinas.   

Esta núcleo rural sí que cuenta con un espacio de usos múltiples, que tiene su sede en la antigua escuela. También tiene una pequeña capilla, que está integrada en este edificio, ocupando parte de su espacio cuando hay que realizar alguna misa. 

ÉPOCA DE ESPLENDOR

Cuesta Blanca vivió su época de esplendor hace unas décadas, cuando llegó a tener alrededor de 200 vecinos. Antiguamente había hasta un equipo de fútbol infantil, cuando ahora los niños se cuentan casi con los dedos de las manos. En el colegio estudiaban unos 30 escolares, y ahora está cerrado por falta de alumnos. Además, había un molino de aceite, que hoy día tampoco existe. 

Quince años para acá, la pedanía ha sufrido un descenso de población muy importante, hasta quedarse con los 60 habitantes de la actualidad. “Muchos de nuestros jóvenes han dejado el pueblo para buscarse la vida fuera”, apunta el alcalde pedáneo. Sin embargo, si en un futuro existiera la necesidad de ampliar el pueblo, sería posible ya que hay terrenos disponibles en uno de los márgenes de la carretera. “El PGOU permite nuevas edificaciones, pero con los tiempos que corren no hay demanda”, especifica Gómez. 

Son bastantes los vecinos que abandonan la pedanía cada día para trabajar. Muchos tienen su puesto en los bares y restaurantes de Riofrío, aunque el olivar de la zona es también una fuente muy importante de empleo. En territorio de Cuesta Blanca también hay un terreno que hace una década iba a acoger un campo de golf de lujo. Sin embargo, la crisis dio al traste con el proyecto, que estaba aprobado y listo para hacerse realidad, y que ahora espera un inversor para salir adelante. 

FIESTAS POPULARES

Los vecinos de Cuesta Blanca celebran sus fiestas populares cada segundo fin de semana de julio, con una programación repleta de propuestas. En 1985, una maestra del pueblo decidió hacer una fiesta para los pequeños y ese fue el origen de los festejos. Destaca la ‘sardinada’ popular que cada año logra reunir a más de cien personas en el patio de la escuela. Concurso de macetas, porrada, dominó, tirachinas, juegos infantiles, carreras e cinta y, sobre todo, mucha música son los ingredientes que completaron el programa. 

Para celebrar el buen ambiente y acogida de las fiestas populares, los habitantes de Cuesta Blanca disfrutan pocas semanas después de una gran comida familiar, en la que cada vecino aporta un plato típico. “Es una jornada de convivencia en la que nos juntamos alrededor de unas 100 personas”, apostilla Ramón Gómez. 

A la salida de la pedanía existe un lavadero que hace poco arreglaron los propios vecinos. Se construyó cuando se hizo la carretera, hace unos 80 años, aunque antiguamente estaba emplazado unos metros más abajo. En este lugar bebían los animales y además se lavaba la ropa. 

En cuanto a las necesidades, los vecinos piden el asfaltado de la carretera, que tiene muchos baches, además de la mejora de la calle del pueblo, “aunque se va haciendo poco a poco con los planes de empleo”, aclara el alcalde pedáneo. 

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