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domingo, 16 de junio de 2024

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Bonachera - Roscos de Loja

Un grupo de motoristas sobre “quads” muestran una actitud poco cívica por el camino de la Sierra de Loja

ARTÍCULO DE OPINIÓN

Las Jugadoras Lojeñas Posan Juntas Con Motivo Del Partido Ante El Huétor Vega.

Cada fin de semana transitan por el camino de la Sierra de Loja decenas de personas andando, corriendo o en bicicleta. Lo hacen deportiva y saludablemente a la vez que se regocijan de la bella naturaleza por la que se mueven. Niños, jóvenes, adultos y mayores hacen de este un lugar de paz, de encuentro consigo mismos, o con la familia y los amigos, o con el medio ambiente. Y lo hacen sin alterar el ecosistema, lo hacen confiados de que van por un lugar seguro, sin los peligros de las calles o carreteras que están unos centenares de metros más abajo. Van disfrutando de la jornada sin hacer daño a nada ni a nadie. 

Pero he aquí, que ayer domingo por la mañana, mientras yo y mi acompañante regresábamos a Loja tras un espléndido paseo por los pinares, un grupo de seres incívicos, escudados en el anonimato que les proporcionan sus cascos, sus gafas y pañuelos irrumpió por las cercanías de la antigua casa del guarda, ahora restaurada, sobre sus ruidosos y frenéticos “quads”. Eran alrededor de una decena, y lo digo sin precisión porque su llegada hasta el lugar por donde caminábamos, unos pocos metros antes del túnel que hay bajo la autovía,  iba envuelta en una gran nube de polvo que impedía toda visión, de un ruido atronador, de una velocidad vertiginosa… Yo, como podía, con las manos les indicaba que bajaran la velocidad, quería hacerles ver que aquella era una situación peligrosa, al menos para nosotros dos que íbamos desprotegidos por el camino. Y ellos, supongo que riéndose a mandíbula batiente, más aceleraban, más nos envolvían en su vorágine irrespetuosa e incívica, de desprecio absoluto por los derechos de los viandantes y, como no de la naturaleza. Gangrenando con sus ruedas el camino, alterando todo lo alterable en ese espacio de paz y sosiego. 

Y lo peor fue cuando un todo terreno que cerraba la comitiva de los motoristas, aceleró tanto que derrapó en el camino y quedo a muy poca distancia de nosotros que estábamos justo al filo del sendero, con el grave peligro en que puso nuestra integridad física. Entre esa nube ciega de polvo pude ver la cara de uno de los ocupantes del vehículo, que se reía y reía mientras nos miraba, y no quiero ni pensar en lo que estarían diciendo en el coche de nosotros. 

Algo lamentable, que te hace pensar en la impunidad con que se mueven estos presuntuosos de las máquinas, que se creen héroes de unas historietas que sólo cobran vida en su afán de notoriedad caduca, estéril y maleducada.

A los pocos segundos, llegó hasta nosotros un vehículo que se paró para ver cómo estábamos y su conductor, gran conocedor de la Sierra de Loja, nos dijo que esa es una escena frecuente, que con sus “quads” destrozan caminos y todo tipo de parajes, que no respetan ni a personas, ni a animales (muy abundantes por ser esa una zona de ganadería) ni a nada, y que campan con toda impunidad a sus anchas.

Estoy seguro de que alguno de ellos me reconoció y que ahora, al leer estas palabras, se sabrá coautor de esa irrazonable forma de actuar. No ocurrió nada, pero no quiero ni pensar en lo que podría haber ocurrido si esta comitiva de irresponsables se hubiera encontrado en una curva con una familia que baja alegre y confiadamente por el camino, y que uno de esos presuntos  atropellara a un niño o una persona de la edad que fuera. Qué sinsentido, que poco vale la vida cuando puede estar a merced de cuatro ruedas conducidas sin respeto por alguien a quien no quiero calificar.  

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