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martes, 23 de julio de 2024

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Bonachera - Roscos de Loja

El Patronato San Ramón y San Fernando acoge a 24 jóvenes de distintas culturas que pasaron grandes dificultades en su vida

Esta institución centenaria realiza una encomiable e inmensa labor social y busca “familias colaboradoras” 

Una familia rota, un país del que tienes que salir huyendo de la guerra, el hambre o las enfermedades, ser abandonado o perder a tus padres… o mil razones más, todas ellas desdichadas, son las causas que dejan a miles de niños y niñas sin un seno familiar propio en España. En Andalucía, más concretamente, hay más de 2.000 menores invisibles que, por distintas circunstancias, no están protegidos con sus familias y han de vivir en centros de protección.

En Loja existe uno de esos centros desde hace alrededor de un siglo. Según consta en el Archivo Histórico de Loja, “Fernando Pérez Flores, conocido en Loja como “Niño de oro” falleció en febrero de 1934 y en testamento otorgado en 1896 dejó el 50% de sus bienes a la Iglesia y el 40% para la constitución de un Asilo de Pobres en Loja dotado de bienes y dinero para su sos­tenimiento. Esta fundación es lo que se conoce como Patronato de San Fernando y que, clasificado como establecimiento de beneficencia particular, fue refundido en 1940 por acuerdo de la Junta Provincial de Benefi­cencia con el Patronato de San Ramón creado a instan­cias del general Narváez, por disposición testamentaria de abril de 1868 y que sigue vigente en la actualidad”. 

Fue así como surgió el actual Patronato Fundación San Ramón y San Fernando, constituido como Hogar, que acoge actualmente a 24 chicos y chicas, menores de 18 años de edad, teniendo el más pequeño de sus moradores cerca de dos años. 

ESPACIO MULTICULTURAL

Unos nacieron en España, otros en África o Latinoamérica, pero todos tienen en común que el corazón no conoce de banderas ni de himnos ni de proclamas identitarias. Aunque, eso sí, desgraciadamente todos ellos son ciudadanos de un mundo que, las más de las veces, no ofrece las mismas condiciones de vida, ni las mismas oportunidades a todas las personas, dependiendo del lugar o la familia en que se nace.

El Hogar San Ramón y San Fernando está regido por una Junta de Patronos a la que pertenecen personas de alta consideración local, entre ellos el alcalde de la ciudad que es su presidente. La gestión diaria está encomendada a un equipo de trabajadores laicos y algunos miembros de dos congregaciones religiosas, La Salle y las Hermanas La Pureza de María. Todos ellos bajo la dirección de María Nieves Vallejo y la subdirección de Rubén Jiménez, conforman un magnífico, profesional y abnegado equipo que lucha contra las adversidades con ilusión y esperanza; pero que también disfruta con los pequeños o grandes avances que se producen en el día a día y, sobre todo, en el horizonte de sus jóvenes compañeros.

Desde hace ya largos años, esta Casa Hogar cuenta con el respaldo de la Junta de Andalucía, disponiendo de los certificados de calidad pertinentes y en 2018 la Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía, le otorgó el correspondiente al nivel avanzado: “esta certificación es un reconocimiento expreso y público al cumplimiento de los requisitos necesarios para desarrollar una atención de calidad por parte del Hogar San Ramón y San Fernando, que hemos emprendido una línea de mejora continua. Al ser una herramienta y no un fin en sí misma, la certificación favorece e impulsa en el Hogar procesos de mejora y evaluación dentro de nuestra organización”, indican desde la Fundación.

Su sede consta de viviendas adosadas en las que habitan los integrantes del colectivo juvenil, instalaciones deportivas (incluida piscina), zonas de recreo, áreas de trabajo, edificio administrativo y de gestión, jardines y otros elementos auxiliares. En total, varios miles de metros cuadrados en una de las zonas de mayor calidad residencial del casco urbano.

SU  CASA

En sus dependencias la vida es como la de cualquier familia con varios hijos, se come juntos, se comparten historias, sueños y experiencias a la par que las faenas de la casa, se estudia y, cuando llega la hora, se trabaja. Algunas de estas chicas y chicos llegaron sin saber nada de español y en pocos meses lo hablan con fluidez, están cursando sus estudios de la ESO o culminan su aprendizaje de grado medio a la vez que trabajan en negocios lojeños. Y todo ello se compagina con cercanía, esfuerzo, espíritu de superación, cariño y gratitud.

Eso es algo que se comprueba no más compartir algunos ratos con ellos y ellas, de abrir las ventanas de nuestra morada interior al paisaje de sus vidas y empaparnos de sus vivencias. Y cuando así ocurre uno siente unas infinitas ganas de gritar a los cuatro vientos la fortaleza de estos seres que un día fueron desafortunados y que ahora rebosan ganas de vivir. Significan, por tanto, una cura de humildad para quienes desde siempre nos sentimos ajenos a las penalidades o las tragedias, y tomar conciencia de que pudimos ser uno de ellos o que la vida puede cambiar de un instante para otro.

Por todo ello, su casa, tal como aseguran sus miembros, “es un punto de referencia, un asidero, un centro de gravedad, un eje que impide nuestra disolución en el todo o en la nada. El refugio frente al mundo y mediación hacia él; lugar de arraigo y punto de partida; recinto de amor y escuela de amor universal”.

FAMILIAS COLABORADORAS

Pero a pesar de todo ese ámbito humano y espiritual compartido, los jóvenes residentes en la Fundación San Ramón y San Fernando tienen también la necesidad y conveniencia de sumergirse en la cotidianidad de una familia normal. Sí, convivir en algunos momentos con los integrantes de una familia habitual de cualquier ciudad o pueblo como Loja. Ser participes de sus hábitos, de sus risas y llantos, de sus entradas y salidas, de sus logros y sueños como cualquiera de sus hijos. Se trata de que tengan un referente familiar normalizado, diferente a las experiencias vividas en el pasado. Así, sin más y sin menos, durante uno, dos o los días que sean al año, cuando la familia quiera, cuando las posibilidades lo permitan. Son las que se denominan “familias colaboradoras”.

Éstas se comprometen a acoger a las niñas o los niños del centro durante algún fin de semana, puentes o vacaciones, ofreciéndoles atención, cariño, integración en la familia y ratos de diversión.

El compromiso, tal como se informa en la Casa Hogar “es realmente pequeño, en comparación con el bien que se hace a estas estos pequeños. Ya sea por motivos éticos, solidarios o religiosos, se contribuye a la reconstrucción de estas personas, que presentan carencias muy importantes para madurar y crecer con normalidad”.

Las personas interesadas en formar parte de esa “gran familia” pueden contactar por teléfono en el 958 32 07 08, o personalmente en la avenida de San Francisco 1 de Loja.

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