Centenares de personas, unas disfrazadas y otras no, pero
ambas con el mismo espíritu festivo, se han dado cita hoy en el Domingo
Teoletero que pone fin a las fiestas de Carnaval en Loja.
Desde antes del mediodía el barrio ha estado en plena
ebullición hasta que ha llegado la hora del entierro de la trucha, tal como
establecen los cánones de los aguerridos carnavaleros.
Llegados desde los cuatro puntos cardinales de Loja, e
incluso del extranjero comarcal, los participantes en esta fiesta ya señera del
carnaval han revivido una jornada que se crecía aún más por el buen tiempo
reinante.
Música por doquier, bares llenos y, sobre todo, la carpa
instalada en la plaza de Santa Catalina, se veían desbordados por un bullicio
en el que se confabulaban niños y adultos.
Sobre el escenario han ido actuando diversas agrupaciones
carnavalescas, cuyos estribillos, en muchos casos, eran coreados por el
público, prueba evidente del seguimiento que los lojeños marcan a sus ídolos
del buen humor y la ironía.
Una jornada que venía precedida por la del sábado, en la que el
fervor de la Semana Santa se abría ya hueco por entre el aroma y el ambiente de
las calles lojeñas. Una sucesión festiva que, tal como señalaban hoy en el
barrio Alto no pocos entusiastas participantes del Carnaval, se nutre
fundamentalmente de las mismas personas, porque a partir de ahora gran parte de
quienes pintarrajeaban sus rostros con el color de la primavera cercana, en las
próximas fechas adoptarán el rictus y el sentir de la Semana Mayor.
En cualquier caso, idéntico entusiasmo, igual pasión por
lo carnal y lo espiritual, en un juego de contraluces que es más una galería
cromática compleja, natural y propia de los lojeños, más allá de lo que pudiera
presumirse como una disonancia festiva.








